La paloma, el animal más humano.
Usualmente el perro es el animal que se lleva el título de “mejor amigo del hombre”. Sin embargo, a mí me parece que no hay nada más lejos de la realidad. No hay animal más parecido al humano que la paloma. Cuando dedicas cierto tiempo a admirar y estudiar su comportamiento, ves un su actuar un reflejo del comportamiento humano, y todas las similitudes van encajando como un rompecabezas.
Desde su cómico trote perezoso hasta sus miradas perdidas y vacías. Te presento a la
paloma… ¡cómo nunca antes la habías visto!
Ellas tienen la dosis exacta de temeridad,
pereza y bravura que caracteriza al humano: Caminan lento y ensimismadas
como la multitud, siempre con la mente divagando como si tuvieran algo que
hacer. Son muy haraganas y regordetas como para alzar su propio peso y esquivar
un peligro, y de ser humanas andarían en taxis por todos lados.
Nada les inmuta ni les asusta; un camión, una bicicleta o el presuroso paso de extraños. Su temeridad siempre se pone a prueba al esperar hasta el último segundo para apartarse como buenas amantes de la adrenalina.
Saben que la ciudad se mueve
rápido y han aprendido a vivir con el bullicio como todos. Pero
contradictoriamente, también son muy paranoicas: una pequeña mirada o un mínimo
movimiento las puede espantar; no confían en la lentitud ni en la generosidad. Al igual que nosotros el mínimo movimiento de un extraño nos pone alertas y emprendemos vuelo asegurando nuestros objetos personales.
Por supuesto no soy la única persona
interesada en este tema, la historia es muy extensa como para llegar a ser el
primero en algo. Por un lado, tenemos a Jhon Alec Baker, autor de El peregrino, quien fue un hombre británico
común y corriente de los años 50’s obsesionado con la majestuosidad y fortaleza
del halcón peregrino, tanto así, que lo observo en silencio durante 10 años.
Muchos ornitólogos calificaban su libro, El
peregrino, de inexacto y para nada científico. En su defensa acudió el
cineasta alemán Wernerg Herzog, acusando de cortos
de mente a dichos críticos y de no entender que el libro no trataba sobre
el estudio del halcón peregrino, sino que se trataba de cómo convertirse en un ave. Baker entregó 10 años de su vida a una
pasión incomprendida, pero no inútil. Durante esa década aprendió el arte de
ser discreto, observar la naturaleza y amar a distancia. En uno de sus paseos
pudo encontrarse cara a cara con un halcón peregrino. Se quedó quieto. Podía
comprender su mirada. Sentía que podían leerse los pensamientos mutuamente. Imitó
sus cautelosos movimientos. La danza de miradas duró solo un minuto. Fue el sentimiento
más fuerte que sintió en su vida. Logró identificarse y conectar a un nivel
espiritual que no podía explicar.
Tampoco podríamos olvidar a Nicolás Tesla, que,
aunque suene un poco macabro, se enamoró de una paloma blanca. «Amé
a esa paloma como un hombre ama a una mujer, y ella me amaba. Mientras la
tuviera, había un propósito en mi vida» narra Tesla. Solía rescatar palomas que encontraba
enfermas en el parque y las curaba, para luego soltarlas en libertad. Pero… ¿era
amor romántico el que sentía Tesla? Muchos narran su relación con las palomas
con un toque mórbido, incluso zoofílico (.¡Hey!, como lo hice en el inicio del párrafo en negrita)
¡Para nada! Él tenía una conexión, un algo
que no se puede describir, y en caso se pudiera, no lo podrían entender, porque
es algo que se debe sentir para poder comprenderse. De eso trata el amor ágape, amar incondicionalmente
teniendo en cuenta el bien del ser amado, también es descrito como la forma
suprema y universal del amor, como el de una madre a su hijo (sin condición,
solo por ser). Estando por encima del amor eros (sexual) o philos (amical o
hermandad). Todas estas son la clasificación griega del amor. Obviamente, este tipo tan
fuerte de amar también lo poseía Baker.
Y así, debieron existir
en la historia innumerables personas comunes cuya pasión era observar aves. Sin
embargo, no todas esas personas son iguales; Baker admira un ave gloriosa,
Tesla admira un ave citadina y corriente, regordeta, maltrecha e irrelevante
para muchos. Y ese es el mérito. Tesla encuentra en la paloma un animal
fascinante, egoísta, salvaje, libre e inexpresiva; que sólo es comprendido por
pocos.
En la siguiente cita, Edmund Burke compara la belleza femenina con una paloma:
"En esta descripción tengo ante mí la idea de una paloma: este animal coincide perfectamente con la mayor parte de las condiciones exigidas por la belleza. Es lisa y blanda; sus parte están, si se me permite la expresión, fundidas entre sí; no hallaréis ninguna protuberancia imprevista en su forma; y sin embargo su forma varía continuamente. Observad esa parte de una bella mujer, que la hace tal vez mas bella, en torno al cuello y al pecho: la lisura, la suavidad, la ligera curva insensible, la variedad de la superficie, que nunca es la misma en un mínimo espacio, la engañosa perplejidad a través de la cual el ojo no fijo se desliza vertiginosamente, sin saber donde detenerse ni adónde..." Edmund Burke
Por estas razones, elijo a la paloma como el
animal más humano. Es el único animal que convive equitativamente con el
hombre, la única especie a la que no
hemos esclavizado, la única en aprovechar todos los recursos inventivos de los
humanos… aunque suene gracioso, en algún punto la paloma termina siendo una
especie superior a la humana en astucia. Puede que esa sea la recompensa que el destino les dio después de la traidora relación que tuvo con el humano: usada como medio de comunicación y luego abandonada sin más en cuanto dejó de ser útil.
![]() |
| Palomas en el Duomo de Milán |
![]() |
| Humanos en el Duomo de Milán |


Comentarios
Publicar un comentario