¿Por qué el FEMINISMO está de MODA?... y otras reflexiones
Los
sueños nunca envejecen y nunca se olvidan, las abuelas saben mucho de eso y de
frustraciones escondidas. Precisamente esa es una de las razones por las que
recientemente renació con fuerza el movimiento feminista: las abuelas
transfieren el “deseo libertario” a sus hijas, y luego, a sus nietas. Así que,
es normal que esa acumulación de energía (frustraciones) acaben en un estallido
de Big Bang (revolución ideológica). La cual vino acompañada de frases sutiles
que quedaron en nuestras mentes, haciendo eco una y otra vez: “estudia para que no acabes como yo…”; y
también con esas historias terroríficas (que todos conocemos) de violaciones
que terminaron en matrimonios para encubrir la vergüenza, saludos cotidianos
que también acabaron en matrimonio, cortejos algo extraños que rozaban el
acoso, matrimonios arreglados y toda clase de situaciones extrañas que nos
destruyeron la ilusión de que el amor en los 50’s era un cuento de hadas. Rosa Montero
explica esto en su libro La ridícula idea de no volver a verte:
"Déjame
que te diga cómo lo veo: nuestras madres vivieron atrapadas por el sexismo,
pero pudieron contemplar el cambio social, que sucedía delante mismo de sus
ojos, aunque ellas ya no pudieran beneficiarse de ello. ¡Y qué frustración
debía de provocarles no haber podido gozar de las libertades de los nuevos
tiempos por un margen tan fino! «Yo es que he nacido demasiado pronto», «Yo es
que debería tener treinta años menos»: he oído a esas mujeres repetir estas
frases una y otra vez. Entonces criaron a sus hijas, a varias generaciones de
()hijas, desde esa rabia y esa pena. Y nos llenaron los oídos con sus amargos,
pero hipnotizantes susurros; con palabras candentes como el plomo líquido: «No
tengas hijos, no seas como y o, no te dejes atrapar en el papel doméstico, sé
libre, sé independiente, haz por mí todo lo que yo no pude hacer». Y nosotras,
claro está, obedecimos"
En
suma, el feminismo actual es un árbol genealógico: de abuelas reprimidas, de
madres aprendiendo tarde ciertas lecciones y de mujeres actuales que recopilan
dichas vivencias y no cometen los mismos errores.
Sin embargo, esa libertad tiene su peso y las mujeres actuales nos enfrentamos a una pregunta de miedo: "¿Eres feminista?". Estamos en el clímax histórico del feminismo, en el último round; y como en todo evento histórico que estalla siempre hay dos bandos que se demonizan unos a otros. Es por eso que si decimos "sí": me gano el apodo de mujer loca; y si decimos "no": soy una traidora. El meollo del asunto no es hacer una declaración pública, sino que es interno: ¿Puedo elegir NO ser feminista? Después de darle vueltas al asunto, la respuesta es no, ya que creo fervientemente cada mujer lleva dentro una pequeña voz feminista.
Me explico: Desde niñas tenemos razonamiento (como todos), eso nos permite tener juicio, y vamos desarrollando una pequeña voz de cuestionamiento, que nos hace ver “cositas que no cuadran”, hasta que lentamente se va llenando el buzón de quejas en nuestro mundo interno y para cuando somos mujeres escondemos esa pequeña voz feminista porque no queremos ser exageradas. Un ejemplo perfecto es la artista Louis Bourgeois, quien dice no ser feminista, pero hace ese tipo de obra de crítica social (¡y vaya de qué forma tan genial!). Eso se debe a que, no podemos escapar del sentimiento de pelear por algo (por mínimo que sea), porque está dentro de nosotras, siempre habrá una pequeña feminista cuestionándose, incluso dentro de las que no se identifican.
Frida Kahlo es otra artista que está constantemente bajo los reflectores de: “¿Era feminista o no?” Por supuesto que sí, lo era a su manera, manifestaba su dolor, inconformidad e ideas en su trabajo; al igual que otras pioneras en la rama, como Virginia Woolf y muchas otras. Todas esas mujeres, feministas o no, ponían en legitimidad sus ideas mediante su arte. Lo que hace que las cuestionemos es porque no encajan en el cliché de feminista: tiene que llevar el cartel de feminista, dar la cátedra cansina, pintarse el pelo y apartarse de los hombres.
Como
resultado de esa pequeña voz interna: se asoma la feminista radical cuando un hombre desconocido
nos acosa en calle; una feminista hippie cuando un hombre nos cede su turno en
alguna cola o su asiento en el bus; y aflora la mujer delicada cuando
se necesita cargar algo pesado. En cada situación sale un tipo de mujer que
usamos para causar miedo, amor, ternura, profesionalismo e incluso deseo. Así
que me parece totalmente incorrecto vivir bajo un mismo estado de ánimo.
Ya
que hemos identificado el verdadero problema: las mujeres no queremos admitir
que tenemos un feminismo innato. Ahora toca hablar del por qué. En parte
es entendible la negación; la palabra feminismo ha sido mancillada los últimos
años con burlas y estereotipos. Sin embargo, no olvidemos su
verdadero significado: “Equidad y respeto a la mujer en la sociedad” ni más ni
menos.
Para finalizar, una señal de la evolución humana es luchar contra las ideologías anticuadas y generar nuevas (el protestantismo contra el régimen de la iglesia; la ilustración contra el teocentrismo y el romanticismo contra la razón). En este caso el feminismo versus el mundo reaccionario (oponente de cambios o reformas que representen progreso en la sociedad). Recordemos que una señal clave de cambio sucede cuando el mundo se pone reacio y tenso frente a una nueva ideología, y aunque todo acaba encajando gradualmente, el resultado siempre es una nueva ideología. Algo así como… la suma de pequeños terremotos equivale a grandes movimientos en las placas tectónicas.
Así que por ahora me considero una espectadora social que está ansiosa por ver en qué modelo de pensamiento terminará todo este asunto, ¿será olvidado en unos años, o logrará un cambio en las siguientes generaciones?
| Mujer-casa. 1947 |
![]() |
| La destrucción del padre, 1974 |
| Mama, 1999 |
| Diosa frágil, 2002 |
Todas las imágenes son obra de Louis Bourgeois

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