El pecado de fotografiar

 La fotografía callejera es una parte especial de mi rutina. Lo fotografío TODO: palomas, camiones, manchas curiosas en la acera o personas extravagantes que me ayudan a crear personajes. Si hay alguien que me entiende es el artista chino Ai Wei Wei:

A menudo la gente me dice: '¿Cómo puedes tener tantas fotos de un solo día?' Las fotos pueden ser cualquier cosa, sobre cualquier cosa. Pienso que se trata realmente de información, de un intercambio libre; una solución despreocupada y libre de responsabilidades que refleja muy bien mi situación

Por supuesto, las situaciones que fotografío son capturadas con mi celular, y no con una cámara profesional. ¿Por qué no tengo una? En primer lugar, no me alcanza el presupuesto para una; y, en segundo lugar, Latinoamérica no es el lugar ideal para andar soñando y ponerse artístico a cualquier hora del día con una cámara costosa en la mano; y en tercer lugar, aunque la tuviera estaría muy paranoica como para sacarla a pasear.

Primero escaneo el perímetro para evitar malhechores. Saco el celular a la volada. Tomo la foto rápido. Meto el celular cuidando de no ser presa de algún ladrón. Respiro y soy feliz por la misión bien ejecutada.

Mientras tanto, la gente que me ve sacarle una foto a algo “insignificante” me mira preocupada, luego asustada. Creen que demandaré al dueño del camión, que soy tonta por apuntar hacia una paloma que come basura o que estoy loca por tomarle una fotografía a una acera en donde ¡NO HAY NADA!

El cuadro termina siendo comiquísimo: todos tenemos miedo de todos. La gente no concibe que una foto va más allá de una demanda o una acusación. Y yo no me entrego a la idea de que tal vez a mi alrededor hay gente honrada y estoy segura. Somos tan paranoicos y negativos...

Y así cargo con el pecado de fotografiar todos los días, con miradas reticentes y de sospecha. Pero, eso sí, ¡ellos también cargan conmigo!



 

Nota bibliográfica:

La cita mencionada es del libro: Ai Wei Wei: Conversaciones - Hans Ulrich Obrist


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