Una película de terror es buena… ¿o lo son sus recursos?

“¿Quieres saber cuando una película es buena?”, me preguntó. 

“Sí” le contesté.


“Cuando se queda contigo por siempre”. 


Era una respuesta sencilla y solo tuvo que usar unas pocas palabras. Envidié su sabiduría. Pero era verdad. Así que pensé en todas las películas que han marcado mi vida y me han hecho revivir emociones profundas. Romances, comedias, dramas, algunos documentales. Todas ellas despertaban sentimientos cálidos y nostálgicos,se sentían como suaves brisas de buenos tiempos que ya pasaron. Hasta que empecé a pensar en el terror. ¡No! De esas no quiero ni acordarme, pensé. 


Mártires, una película francesa gore nos dejó sin dormir y totalmente traumadas hasta el día de hoy a mis hermanas y a mi. Hace más de 8 años que la vimos y hasta ahora hago bromas de volver a verla y solo obtengo aterradas negativas. Al pensar en esto entendí que el terror es un género bastante especial, el mejor halago que puede recibir una buena película de terror es no querer volver a verla nunca más. 


Sin embargo, pensé en las recientes películas de este género que he visto. Por mencionar alguna, “El conjuro: últimos ritos”. No voy a mentir. En la sala de cine me asusté y me tapé los ojos un par de veces. Pero la sensación se desvaneció al instante cuando salí de la sala y tuve que pensar en qué comer. Hoy en día sí alguien me pidiera volver a verla accedería con algunos piqueos, bebidas y uno que otro cigarro. Entonces me preguntó, ¿qué cambió? ¿Porque no puedo ni mencionar Mártires frente a mis hermanas pero El Conjuro fue olvidable en menos de media hora? Si, ambas cumplieron con la función de asustarme en su momento, pero su huella en mi es lo que se sintió diferente. 


Después de pensarlo llegué a la conclusión de que la causa del miedo en El Conjuro fueron meramente sus recursos: el jumpscare, el abuso de los espacios negativos y el uso de criaturas antropomórficas y fantásticas. Mientras que el terror en Mártires fue completo, no sólo dependió de una parte de toda la obra. La atmósfera, la colorización, la psicología de los personajes y la trama hicieron que el terror sea completo y cale en todos los recursos de la película. Puede que los recursos técnicos ayuden a construir un buen susto (como en El Conjuro), pero lo que asegura la permanencia del terror en la memoria son usar los recursos narrativos: construcción de situaciones y psicología de los personajes. Después de esta conclusión me sentí satisfecha y pensé que había resuelto el gran acertijo del terror. Pero estaba muy equivocada. 


Revisando un libro sobre cine experimental me encontré con una película española de 1944, Tríptico elemental de España. Y solo diré. Dios. Mío. No se podrá hacer algo igual jamás. Me asusté. No de una manera extrema he de decir. Pero si me quede algo aterrada y con un episodio existencial sobre la humanidad, el tiempo, la vida y mi lugar en el mundo. Y esta película solo consistía en música tétrica, recitar versículos de la biblia e imágenes aceleradas religiosas y de la vida cotidiana, mezclada con timelapses, efectos visuales y el uso de sombras duras, texturas y contraste. No había argumento, no había desarrollo de personajes. Se sostenía únicamente con atmósfera, emociones y con un ritmo de edición y música muy bien orquestados. No había jumpscares, ni criaturas raras, ni siquiera argumento. Entonces, ¿cuál es la verdadera esencia del terror si lo reducimos a su mínima expresión? 


Lo importante es no menospreciar nuestros hallazgos anteriores. Porque en ellos encontraremos los tres usos del terror: como estímulo inmediato (apoyándose en recursos rápidos), como construcción narrativa (haciendo uso de psicología y tramas complejas) y finalmente el terror como experiencia sensorial y existencial. Y ese es el terror en su forma más pura: la deformación de lo que conocemos, retorcer lo familiar hasta volverlo irreconocible y que se vuelva en nuestra contra. El terror no necesita historias, personajes ni sustos porque es una emoción. 


Freud decía que el verdadero terror no viene de lo desconocido, viene de lo familiar que se vuelve extraño. Por eso las imágenes cotidianas de Triptico elemental de España se sienten tan cercanas, lejanas y deformadas a la vez. Las figuras religiosas, la vida diaria y los versículos bíblicos no generan un susto inmediato pero sí una incomodidad profunda que deja huella en la memoria. 


Por otro lado, tenemos al filósofo Gilles Deleuze. Quien habló de un tipo de cine donde no importa la historia o los personajes sino que lo realmente importante son las sensaciones, como vemos todo se reduce a lo sensorial. Y la única herramienta esencial en el cine que encenderá estas emociones es la edición. Con ella una mirada puede volverse aún más intensa, las acciones cobran vida si los cortes son seguidos y superponer imágenes pueden conectar dos ideas opuestas sin haber dicho ni una palabra. De esto hablaba Sergei Eisenstein cuando se refería al montaje como creador de emociones y como al combinarlas se puede generar emociones incluso sin historia. Si convirtieramos a Tríptico Elemental de España en una fórmula sería algo así: imágenes sueltas + música + ritmo= experiencia aterradora. No es lo que vemos, sino cómo se nos muestra.


El terror no es un recurso, ni una historia y tampoco un género. Es una experiencia.

Y mientras más se deforma acercándose a lo inexplicable, más se queda con nosotros. El ejemplo perfecto sería la saga Actividad Paranormal. Todo un fenómeno del terror, acumulando millones en taquilla y convirtiéndose en la película del momento durante meses. Su éxito se debió a lo sencilla de su trama: fantasmas en una casa cualquiera, fácilmente podría ser la tuya o la mía; que aterraba a una familia cualquiera y todo grabado con cámaras de seguridad caseras. La premisa simple nos permitía conectar con la realidad que muchos vivimos. De pronto el terror no le pasaba a vírgenes en un bosque o al introvertido poseído elegido por el diablo. Nos podía ocurrir a todos desde nuestras casas. La deformación de la realidad volviéndose en nuestra contra era el factor realmente cautivante. No los fantasmas. 


Años después la saga continuó y evolucionó a una secta con psicópatas y abuelos dementes, muchos perdieron el interés porque se transformó en algo totalmente ajeno a nuestra realidad. La naturaleza que nos hizo conectar se desvaneció entre las futuras entregas y ya no volvió a ser lo mismo. 




Comentarios

Entradas más populares de este blog

La paloma, el animal más humano.

Huellas en las cuevas de internet

El dios de la prótesis